
Cuando una entra en una espiral de ilusión, esperanza, decepción…cada mes, durante años. Cuando cada ciclo que termina con la llegada de la menstruación, te hunde en la más absoluta tristeza e impotencia, una haría cualquier cosa para ayudar a su suerte a cambiar. Y digo cualquier cosa, porque aquí dónde me veis, que soy la persona más coherente y realista, a base de palos como se suele decir, pero realista al fin y al cabo, que entiende que si una cosa es blanca es blanca y si es negra, por mucho que lo mire con mi yo optimista, seguirá siendo negra, lo ha probado todo, ya sabéis por aquello de «por intentarlo» «mal no me va a hacer y quizás…», me entiendes, verdad!?
El otro día os hablaba de los posibles
Tenemos que ser conscientes de que cada niño es diferente, que cada uno lleva su ritmo que es esencial respetar para su correcto desarrollo y aprendizaje. Un aprendizaje sin prisas basado en el juego libre, en la naturaleza, en experimentar… Una crianza respetuosa, con amor y empatía. Por eso cuando conocí El Acebuche, el proyecto me entusiasmó y no podía dejar de hablaros de él.