La situación ya me estaba superando, llegando a agobiar de verdad, todos los meses se repetía la misma historia. Todos los días me despertaba termómetro en boca, cada vez que iba al baño analizaba el papel de limpiarme al detalle; al principio del ciclo para detectar el flujo idóneo, tras los días clave para encontrar cualquier otra cosa que indicara embarazo y los últimos días para no ver nada que anticipara la llegada de «la indeseable». La semana fértil se convirtió en una obligación, se perdió todo el interés, toda la ilusión de los primeros meses; el cansancio, la rutina, el pesimismo de no lograr nada…acabaron con la magia.
La maternidad te llena…de bolsos, planes y manchas.
Esta semana me había abandonado un poco la musa y también la santa siesta de mi tesoro, además de algún problemilla familiar. El caso es que no sabía que escribir, ni tenía tiempo de pensarlo siquiera, pero hojeando una revista, vi esta frase «La Maternidad te llena…» (no me hagáis …