La entrada al colegio de UNMF me ha abierto la puerta a un mundo desconocido para mí, de temas que no sabía ni que existían, bueno por formación si que lo sabía, pero como madre ni me planteaba, aunque no negaré que me preocupan y dan que pensar.
Resulta que en un trimestre que llevo moviéndome por el ambiente escolar, conociendo a otras madres, a otros niños, maestras…ha surgido el tema de la Hiperactividad o TDAH (Trastorno de Déficit Atencional por Hiperactividad) en varias ocasiones.
Ya sabéis que uno de los regalos estrella de estas Navidades ha sido una bicicleta para UNMF, el regalito se ha hecho de rogar, y no solo por cuestiones obvias de seguridad y capacidad de mi tesoro, sino porque ese siempre ha aspirado a ser un regalo especial y tenía que llegar en su momento justo para ser disfrutado por ambos protagonistas.
A una semana de acabar las Navidades, además del salón repleto de juguetes, tenemos la despensa llena de sobras de alimentos que, no sé vosotros, pero yo en mi vida normal no suelo consumir. Me entra el agobio y la pena…ya sabéis «vamos a comernos esto que es una pena que se ponga malo y tirarlo» y no es cuestión de celebrar una Nochebuena en cada cena, ni que nos atice un colicazo por intentar ingerirlo todo cual pavo antes de que caduque.

