Frente a los niños hay que ser positivos y optimistas. Nuestra experiencia.

No es que hoy me haya levantado en plan filosófico, ni os voy a dar la castaña con dicha corriente. Ha sido nuestra experiencia personal de estos días atrás con mi rubio, la que me ha hecho reflexionar, tomar decisiones, cambiar…En definitiva, lo que ha hecho que llegue a la conclusión de que frente a los niños hay que ser positivos y optimistas.

Sé que no descubro nada nuevo. Por todos es sabido que los padres influimos mucho sobre la conducta de nuestros hijos, pero que a veces, sin darnos cuenta, esta influencia no es como queremos que sea.

Siempre nos esforzamos por enfatizar o evitar comportamientos que queremos o no que nuestros pequeños imiten de nosotros; como hablar mal, intentamos que nuestra relación con los demás sea la correcta, somos educados…ya sabéis a que me refiero, ¿verdad?

Pero ¿qué ocurre con esos otros comportamientos que no son tan implícitos? Me refiero a sensaciones, a sentimientos que se respiran, que creemos que no dejamos ver o que no somos conscientes que pueden influir tanto, pero ahí están.

Frente a los niños hay que ser positivos y optimistas. Nuestra experiencia

Frente a los niños hay que ser positivos y optimistas

Veréis, estos días atrás mi rubio cambió de la noche a la mañana. Nunca mejor dicho, se acostó bien, ilusionado porque al día siguiente era la cabalgata de carnaval del cole y a las 11 iba a ir a recogerlo disfrazada.

Pero eso nunca pasó, porque esa misma noche estuvo vomitando y claro, a la mañana siguiente no fue al cole. Sin embargo se levantó bien y fuimos a la cabalgata, pero a los pocos minutos quiso que regresáramos a casa.

Hasta ahí todo normal, bueno, normal, quiero decir que pensé que se encontraría mal y no le apetecía estar bailando. Además hacía mucho calor, es un niño al que no le gustan las multitudes, se le empezó a agobiar con las fotos…

Eso sí, no lo voy a negar, por un momento pensé que quizá inconscientemente, quería evitar esa situación y por eso vomitó la noche anterior. Pero claro, también pensé que podía haberle sentado mal la cena sin más. Ya sabéis lo rápida que es la mente de una madre cuando algo nos desestabiliza.

El caso es que, aunque no volvió a vomitar ni ha quejarse durante el fin de semana, sí que comía menos, estaba decaído… y lo que me alarmó realmente es que el lunes, a la hora de ir al cole, empezó a llorar.

Le pregunté qué le pasaba, que si aun se encontraba mal, directamente que por qué lloraba, que por qué no quería ir al cole…Y solo me dijo-“mamá, no me pasa nada, es que estoy triste”.

Después de recoger el alma de mis pies, tragar mucha saliva y hacer un esfuerzo de madre de no llorar, lo animé como pude y lo dejé en el cole.

Me pasé toda la mañana como si me hubieran dado la peor noticia de mi vida, dándole vueltas a la cabeza-“¿por qué puede estar triste un niño de cinco años?”. Hasta que creí encontrar varios motivos:

Hace un tiempo que en casa no es que seamos unas castañuelas precisamente. Todo empezó el verano pasado con la enfermedad de la abuela que al final perdimos, problemas con el trabajo de papá…que bueno, ahí vamos.

Los niños con cinco años son capaces de percibir la tristeza, aunque no se exprese, y las situaciones o ambientes negativos hacen que se sientan mal.

Cuando parecía que íbamos viendo la luz al final del túnel y con la esperanza de comenzar un nuevo año con mejor pie, justo el día de Año Nuevo UPMF sufrió una Trombosis venosa severa en la pierna…así de sopetón, sin antecedentes, sin nada que nos hiciera preverlo. Al susto y la gravedad del asunto, se unió el desbarajuste que tuvimos esos días. Idas y venidas al hospital, él con la abuela, que aunque estaba en la gloria, era la primera vez que estaba sin mí por la noche y tanto tiempo, además, sin haberle podido explicar lo que pasaba.

Papá empezó a mejorar, pero aun así, en nuestro entorno no se dejaba de hablar del tema. Revisiones, tratamiento, no era raro oír a papá decir que no podía hacer esto o lo otro por la pierna, quejarse de alguna molestia, comentarios como “no sé que hubiera pasado si no llego a ir a urgencias”…Él mismo se interesaba por el tema-“papá ¿has ido hoy al médico? ¿qué te ha dicho? ¿tu pierna está mejor?…”. Pues sí, nos asustamos todos mucho y en casa se notaba.

En mi caso, a veces me sorprendía a mi misma por lo bien que había llevado el asunto. Hasta que hace poco me dio el bajón. Eso, junto a un dolor de espalda que me ha tenido días y días que ni siquiera poder andar, ni jugar con él, ni pasear, ni bañarme con él, ni atenderle como de costumbre…ha hecho que esté de mala, muy mala leche.

Los hijos de personas tristes suelen adoptar la misma actitud que sus padres ante situaciones similares.

Con cinco años, los niños son capaces de saber que las personas que se muestran tristes es porque se encuentran mal, aunque no lo digan o expresen claramente.

No digo que frente a los niños tengamos que ocultar nuestras emociones, al contrario, ellos forman parte de la familia y en todo momento tienen que ser partícipes tanto de lo bueno como de lo malo.

Pero si que es verdad, que ellos aun no tienen la objetividad necesaria para valorar ciertas situaciones que pueden confundirles. Si su abuela estuvo en el hospital malita y ya no volvió, hay que hacerle entender que aunque papá también ha estado malito, ha estado en el hospital precisamente para curarse…vamos que no se va a morir. O que si mamá se queja de que no puede andar, es algo pasajero…a partir de ahora me cuidaré mucho de mi forma de quejarme delante de él.

La positividad y optimismo de los padres enseña al niño a confiar en sí mismo y le hace ver que los problemas, aunque sean una experiencia negativa, se pueden resolver; mientras que el pesimismo y la negatividad hacen que el niño se sea inseguro, desconfiado y que disminuya su autoestima.

En este sentido, puede que realmente esa noche vomitara porque le sentara mal la cena. Puede que al día siguiente aun no se encontrara bien del todo para disfrutar de la cabalgata. O incluso se sintiera débil y decaído el fin de semana. Igual, conociéndole, el lunes lloraba porque se agobió al pensar que pudiera sentirse mal en el cole y yo no estar para aliviarle. Pero lo cierto es, que sea cual sea el motivo de su tristeza, este ambiente no era lo más propicio para aliviarle.

Ya lleva unos días que se parece más a lo que él es, pero yo no dejo de pensar que frente a los niños hay que ser positivos y optimistas, o al menos tener cuidado en la forma en que transmitimos nuestras emociones porque podemos hacerles sentir muy mal.

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7 comentarios en “Frente a los niños hay que ser positivos y optimistas. Nuestra experiencia.

  1. ¡Hola! Totalmente de acuerdo, de hecho yo inventé las cenas especiales de las que hablo en el blog para evitarles agobios en un momento económico muy complicado, y creo que hay que hacer que tengan una infancia feliz, aunque sí que hay veces(como lo de la abuelita) que hay que explicarlo pero de modo adecuado.
    Siento mucho lo de tu marido, vaya susto, lo importante es que va mejorando. Cuando yo era pequeña mi padre estuvo ingresado por un bulto en la cabeza que al final no resultó ser grave pero al principio no sabían lo que era y la verdad tengo que agradecer a mi madre y amis abuelos lo bien que lo llevaron, de hecho esos días, cuando no estábamos en el cole siempre había planes chulos para distraernos y aunque ahora sé que mi madre lloró lo suyo cuando estaba sola, delante de nosotras siempre estaba optimista y haciéndonos ver que a papá le estaban arreglando un problemita, y cuando volvió a casa enseguida recuperamos la vida normal.
    Un beso y a partir de ahora seguro que todo lo que llega es bueno.

    • Hola, qué gran idea lo de tus cenas especiales…me encantas tu y tu forma de afrontar las cosas. Sí hay cosas que no podemos evitarles, como la muerte de un familiar, solo hay que adecuar la información y hacerlo con mucho tacto.

      Mucho susto, pero por suerte todo va bien. Espero que todo vaya bien en adelante, sí.

      Gracias por tu comentario.

  2. Cuanta razón tienes, ellos se dan cuenta de más cosas incluso que nosotros pero a veces no saben interpretarlas lo cual les confunde, siempre te lo he dicho que tu hijo se parece mucho a mi hija, son tan sensibles… lo bueno es que ellos saben decir como están, te dijo que estaba triste y eso es muy bueno.
    Un abrazo y que os mejoréis todos.

  3. Cuánta razón tienes… Y lo mejor de todo es que estos cambios de actitud no solo benefician a los niños, sino que nos benefician a todos. Un beso fuerte y ánimo con todo

    • Ya te digo, como que hace unos días que incluso me duele menos la espalda. Es que a veces entramos en bucle y como no salgamos pronto luego es difícil.

      Gracias Sara, otro beso para vosotros.

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