Dicen los expertos que a un bebé recién nacido hay que proporcionarle un espacio acogedor y agradable que le transmita seguridad y conford. Y que este espacio se irá adaptando conforme el niño vaya creciendo. Este fue mi primer error como madre primeriza y asustada. Yo no sabía que el espacio más acogedor y seguro para un recien nacido es su madre. Y desde que me dió el subidón del síndrome del nido comencé a preparar la habitación de Un niño muy feliz como si de ello dependiera su supervivencia. ¡Qué equivocada estaba!
Pero creo que es inevitable, desde el momento en que nos enteramos que estamos embarazadas, empezamos a pensar en preparativos y uno de los que más ilusión hacen es la habitación del bebé.

Ya sabéis que vivimos en una sociedad que generalmente considera a los niños ciudadanos de segunda y no merecedores de todo nuestro respeto, por lo que a diario somos testigos de multitud de situaciones como la que comento. Pero, hoy me voy a referir solo una; obligar a los niños a dar besos.
Tenemos que ser conscientes de que cada niño es diferente, que cada uno lleva su ritmo que es esencial respetar para su correcto desarrollo y aprendizaje. Un aprendizaje sin prisas basado en el juego libre, en la naturaleza, en experimentar… Una crianza respetuosa, con amor y empatía. Por eso cuando conocí El Acebuche, el proyecto me entusiasmó y no podía dejar de hablaros de él.