Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(II)

Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI

Hoy a Queriendo ser madre vuelve Mamá en el SigloXXI con su impresionante historia. Si no has leído la primera parte no sigas, vuelve atrás y léela, merece la pena.

En este segundo capítulo nos cuenta cómo afrontó el dolor de haber perdido a su bebé cuando todos la consolaban haciéndole creer que no hubo tal pérdida por ser un embarazo anembrionario.

¡No pudo tener mejor ayuda para superarlo ni hacerlo de una forma más especial! Por favor, no os lo perdáis, es increíble…

Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI

Mi duelo duró una semana, que pasé entera llorando en el sofá, en la ducha, de noche bajo las sábanas… Lloré al niño que habría sido, sus manitas, sus ojos marrones, las rodillas despellejadas, sus dientes de leche… Lloré al hermanito de mi Enana que decidió no conocernos, que se marchó casi sin haber llegado y me dejó sólo una pena oscura, como una sombra en el alma. Y durante esos días me seguían diciendo que no pasaba nada, que no había existido, que no había bebé, que debía alegrarme por eso. Y al final, para dejar de oírlos, dije que sí, que vale. Que tenían razón. Que me había invitado la preñez de las puras ganas que tenía y pedí el alta a mi médico para volver al trabajo y recuperar la rutina.

A la revisión días después fui sola. Al compañero le dije que iba con mi madre y a mi madre que iba con el compañero, pero no tenía ganas de aguantar miradas ni de escuchar consuelos. Estaba de luto y punto y me apetecía un poco de respeto. Me atendió la misma ginecóloga de hacía tres noches y cuando fue a hacerme una eco para comprobar si todo iba bien, descubrió, ya con el condón en la mano, que se habían llevado el ecógrafo a otra parte. Sin pudor y sin vergüenza, me hizo bajar por las escaleras hasta monitores donde había cincuenta mujeres con sus barrigas hasta la barbilla esperando la vez, mientras a mi se volvían a caer los lagrimones en silencio, pensando en aquellos bebés y en mi malogrado granito de arroz. Que digo yo que debes estar muy acostumbrado a ver llorar a mujeres hechas y derechas para conseguir que ni siquiera te cambie el tono de voz.

Todo estaba estupendo, me dijo, el aborto había sido limpio y completo. Debía esperar un ciclo menstrual entero y luego podía volver a intentar quedarme embarazada. Me advirtió también que, posiblemente, tendría varios ciclos anovultarios y que no me sorprendiera si tardaba un poco en volver a concebir. Yo no dije nada ¿qué iba a decir? Asumí que el hermanito no iba a llegar a corto plazo y casi me olvidé del tema.

La regla me vino justo un mes después del aborto, el 14 de diciembre y fue muy larga y abundante. Pensé que mi cuerpo aún estaría expulsando los restos del anterior embarazo y con esa idea nos fuimos todos de vacaciones. A la vuelta, ya en enero, me levanté una mañana con las tetas como melones. Mi costillo me miró apreciativamente y preguntó: “¿No tenía que haberte venido ya la regla? Porque con esas peras te apuesto lo que quieras a que estás preñada…”. Me resistí a hacerme un test, por no volver a hacerme ilusiones. No era posible. Habíamos tardado cinco meses en concebir al anterior y casi seguro que mis ciclos seguían siendo irregulares ¡Pero si ni siquiera sabía si tenía o no un retraso!

Al final el destino tomó la decisión por mi, porque unos días después amanecí con una conjuntivitis de caballo, de las que no puedes ni abrir los ojos entre legañas e hinchazón y no me quedó más remedio que pedirle cita al médico. También fui a una farmacia a comprar un test, pensando que si estaba embarazada debería saberlo antes de tomar ningún medicamento, aunque fuera un simple colirio. Me metí en el baño hecha un flan, tanto que hasta me costó hacer pis, pero no me dio tiempo ni a tirar de la cadena: ahí estaban, las dos rayitas. No me lo podía creer ¡Volvía a estar embarazada! ¿Pero no me había dicho la gine de urgencias que era complicado conseguirlo tan pronto? No, no. Seguro que había hecho algo mal, que era un falso positivo… Compré otro test. Otra vez las dos rayitas casi en el acto y, entonces, se me escapó una sonrisa.

No sabía ni como decírselo al padre. Cuando llegué a casa estaba en el cuarto de la niña, viendo cómo desmontar su cambiador que, con casi dos años, se le había quedado pequeño. Recuerdo muy bien que me senté en la cama, sin dejar de sonreír y comenté, como de pasada: “Deja el cambiador donde está…, si eso”. Por una vez el rey de no-me-entero-de-las-directas-así-que-no-me-vengas-con-dobles-sentidos lo pilló a la primera y nos besamos y nos abrazamos y achuchamos a nuestra hija que no sabía a qué venía tanta jarana pero que estaba más que dispuesta a sumarse a la fiesta. 

Durante las primeras semanas estuve cagada de miedo. No se lo dije a nadie. Ni siquiera a la familia. Por no hacer, ni fui a la matrona. No estaba dispuesta a pasar otra vez por lo mismo, a iniciar el ritual y encontrarme, días después de perder al bebé, la carta de la seguridad social con la cita para la primera ecografía. Me pasé horas en internet mirando, buscando, informándome sobre la posibilidad de tener un segundo embarazo anembrionario, sobre síntomas alarmantes y otras zarandajas que no hicieron si no quitarme el sueño y amargarme unos días que tendrían que haber sido felices. 

Cuando, según mis cálculos, estaba ya de 9 semanas me acerqué a mi centro de salud y dejé que (por fin) me metieran en el sistema. La matrona que me atendió se sorprendió al decirle la fecha de mi última regla y me preguntó con el ceño fruncido: “Pero bueno, ¿no has podido venir antes?”. Tonta de mi, le expliqué los motivos de la cita tardía y en vez de contestar: “Bah, tranquila, que todo va ir bien esta vez” o simplemente quedarse callada, que estaba más guapa, me echó una bronca de campeonato. Que si íbamos a ir muy justas con las pruebas (mentira: me dio tiempo de sobra a todo), que llevaba semanas sin el ácido fólico y el cuidado con los alimentos “peligrosos” (mentira también, pues había tomado todas las precauciones del mundo desde antes incluso del positivo. Sólo por si las moscas. Con decir que en Navidad ni caté el vino, con lo que a mi me gusta…Intenté explicárselo a la buena mujer, pero no me dejó), que si menuda irresponsabilidad por mi parte y todo por una tontería, etc. Estuve en un tris de levantarme y dejarla allí con su mal día, pero me quedé y aguanté el chaparrón como pude. Mal empezamos, pensé. 

…continuará

Que, ¡¿qué me decís!? es increible!!! es un milagro, es el destino…de verdad, me emociono al pensar como debieron vivir los protagonistas esta historia, cómo al final la vida lo pone todo en su lugar y somos compensados por nuestro sufrimiento…uffffff

¿¡Veis como todo es posible!? Seguro que tú has vivido una similar, o alguien que conoces, o es totalmente diferente y crees que nunca lo conseguirás. Si tienes la necesidad de compartir tus sentimientos, de sentirte comprendida por personas con historias similares a la tuya, puedes escribirme a mamarreir@gmail.com y contarme tu historia para Queriendo ser madre…te espero!!! (más info aquí)

33 comentarios en “Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(II)”

  1. Muchas gracias a todas por vuestros comentarios! La verdad es que tuve muy mala suerte con los profesionales que me atendieron durante mis embarazos (y también en mi primer parto, que ahí estuvieron “sembraos”). Me tuve que morder la lengua más de una vez para no mandar a nadie a paseo y lo que me fastidia es que sé de buena tinta que hay gente estupenda en la sanidad pública de mi ciudad… se ve que debían estar todos de vacaciones en aquel momento!!! Ainsssss. Besos a todas y en especial a UMMF por darme la oportunidad de enrollarme de este modo sin ponerme ni una pega!

    • Yo también me encontré a unos cuantos, sin embargo estoy contigo, hay gente maravillosa y uno de ellos hizo posible mi milagro.

      Pero qué pega te voy a poner si estoy encantada con tu historia!!! Anda anda, te mando un besazo!!!

  2. al final siempre pasa un poco lo mismo, solo la protagonista entiende lo que siente en ese dolor, el resto en el intento de ayudar le quitan importancia a lo que a nosotras nos quita la vida y en lugar de aliviar te hacen sentir incomprendida, me alegro mucho que el positivo llegara para quedarse esa segunda vez, enhorabuena

  3. Y es que tienen menos tacto a veces, entiendo que estén mas que acostumbrados a estas situaciones, pero deberían pensar un poco en la persona que tienen delante. Y la matrona un poco mas de comprensión por dios!!!!
    Deseando seguir leyendo, aunque la vida te dé esos palos tan duros, siempre merece la pena mirar hacía delante porque algo bueno siempre viene.
    Un beso

    • Creo que muchos profesionales se dejan la empatía en casa por las mañanas y son los que menos deberían hacerlo porque tratan a las personas en un momento muy vulnerable de su vida. Yo trabajo cara al público y aunque en mi caso no va a morir nadie si tengo un mal día, siempre intento poner buena cara a la gente y ser comprensiva, hasta con los más pesados, insistentes o groseros que se me presentan. No cuesta nada y el mundo se convierte en un lugar mejor con un simple “gracias” y “por favor”.

  4. Oooooh que emocionante. Debe ser tan duro vivir un aborto, y el poco consuelo que se puede encontrar, aunque todo el mundo lo intente. La vida es un misterio, a veces hay que dejar que las cosas surjan. Un beso

  5. Ayyyy qué ilusión que todo saliera bien. La gine desde luego no tiene tacto y de la matrona ni comento, parece mentira y además siendo mujeres. O ¿ellas no fueron madres ni tienen hormonas?
    Un beso.

    • La gine era una chiquilla a la que yo le sacaba 10 años o más… No creo que tuviera hijos. Y la matrona… Pues una cabrona en toda regla que me fue regalando píldoras de ese tipo las dos o tres veces que la vi (porque en mi centro de salud me llegaron a atender hasta 5 personas distintas). En fin…

  6. Aixxx, que bien!!! llegó porque tenía que ser así, y nada de esperas, de sopetón!! los mejores!!!! 🙂 🙂 🙂
    En cuanto a la gine que te atendió la primera vez… Hay que tener huevos para bajarte allí con todas las panchonas a punto de caramelo. (Mi madre tuvo un aborto al quinto mes de embarazo y se pasó todo el día tirada en una camilla, al lado de un box de parto, donde no hacían más que entrar mujeres, chillar y llorar bebés. Lo pasó realmente mal).
    En cuanto a la segunda… Sinceramente, yo soy tu y me levanto de la silla y me marcho, dejándola con al palabra en la boca 🙂

    Saludos

    • La verdad que sí, tienen muy poco tacto, a mí me pasó igual en mi primer aborto, estuve en la sala de espera por donde sacaban a los bebés para que los conocienran las familias…qué mal!!!

    • Jajaja. A puntito estuve de irme ese día, en serio!!! Y luego me tiré chafada dos semanas enteras, agobiada por sus comentarios y acusaciones y sintiéndome malamadre ya desde la semana 9 de gestación de mi pimpollo. Menos mal que se me pasó la tontería en seguida!

  7. Qué bonita historia y qué triste y feliz a la vez… Menudo huracán de emociones estoy sintiendo yo leyéndola no me imagino lo que debió sentir Mamá en el sXXI…. Me marcó la frase: “Que digo yo que debes estar muy acostumbrado a ver llorar a mujeres hechas y derechas para conseguir que ni siquiera te cambie el tono de voz.” 🙁

    • Ayyyy Elena, esa frase, ni te imaginas los recuerdos que me ha traido a mí, recuerdo cuando un ginecólogo jodevidas nos dijo ” ni con un milagro que ocurriera lograréis ser padres” y se quedó tan pancho y a nosotros nos jodió la vida por muchos años…

      Qué historia, verdad!!?? ainssssssssssss

    • Justo has pensado lo que yo con la matrona jode ilusiones…Qué bonita historia verdad!!?? aver que nos desparan los siguientes capítulos…

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