Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(I)

Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(I)

Hoy en Queriendo ser madre nos deja su historia Mamá en el SigloXXI…¡y qué historia! son cuatro capítulos llenos de emociones, sentimientos de todo tipo, penas y alegrías…en los que seguro muchas de vosotras os veis reflejadas.

Os hablo un poco de ella; ella es mamá de dos preciosidades de 3 y 1 años y también tiene un perro tamaño medio/grande jejejej…qué gracia me ha hecho la descripción de su perro, pero es que ella es así, una mujer a la que le sobra el humor para hablarnos en su blog de su maternidad y como esta le ha cambiado la vida…sus posts no tienen desperdicio y la risa asegurada. Sin más os dejo con la primera entrega de…

Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(I)

Cuando mi hija Mayor cumplió 9 meses, decidimos darle un hermanito. Era algo que mi pareja y yo ya habíamos hablado y como servidora se acerca a la cuarentena y no queríamos que los churumbeles se llevaran demasiado tiempo, nos pusimos manos a la obra y dejamos de tomar precauciones. Por aquel entonces aún no me había bajado la regla tras el parto y además  seguía con lactancia a demanda, así que supuse que la cosa iría para la largo y no me equivocaba.

Pasó el tiempo y en vista del éxito decidí destetar a la Mayor con todo el dolor de mi corazón. La criatura tenía un año cumplido cuando pusimos punto final a nuestro idilio de leche y yo me consolé pensando que pronto tendría a otro bebé que colgarme del pecho. Pero no. Nanai. La naturaleza tiene un sentido del humor difícil de pillar en ocasiones. La regla tardó en asomar otros tres meses (¡dos años enteros desde la última!) y cuando por fin volvió era superirregular, con ciclos que iban de 25 a 38 días. Una mierda, vamos. Me pasé una buena temporada con una compresa en el bolso y otra en el cajón del despacho porque no tenía ni idea de cuándo la iba a necesitar. Con el tiempo, empecé a obsesionarme y hasta recurrí a los test de ovulación en un intento de dar por fin en la diana, aunque nunca vi claras las dos rayitas delatoras.

En septiembre de 2013, cuando la Mayor tenía cerca de 20 meses, el predictor por fin dio positivo… y qué feliz me hizo. Pedí cita a la matrona e inicié todo el proceso como unas castañuelas, aunque en el fondo sabía que algo iba mal. Instinto. Intuición. No me sentía como debía y no me sorprendió empezar a sangrar. Era el 13 de noviembre. Lo recuerdo muy bien. Dejamos a la niña con mis padres que estaban de visita y salimos escopetados para urgencias donde llegamos a eso de las 11 de la noche. Le dije lo que me pasaba a la señora de recepción, pensando que nos enviarían directamente a urgencias ginecológicas. Pero no. Nos hicieron pasar a la sala de espera, llena hasta arriba a pesar de la hora, y aguardar durante tres horas nuestro turno, como está mandado…Yo lloraba sin parar.

Cuando por fin me llamaron me atendió un residente jovencito al que le volví a explicar lo que me pasaba: “Mire, estoy embarazada de casi nueve semanas, llevo sangrando desde hace – en este momento- cuatro horas, no hace falta un título pa esto”. El chaval se lo tomó con calma, me tomó la tensión, la temperatura, me palpó la tripa, fue a consultar algo a no se quién tras una puerta y me envió otra vez a la sala de espera. Con un par.

Por lo menos en esta ocasión esperamos sólo unos 20 minutos. Nos volvieron a llamar y el mismo residente me dijo (palabras textuales, lo prometo): “Lo tuyo es una urgencia ginecológica, te vamos a enviar a la tercera planta para que te vea la ginecóloga de urgencias” ¿En serio? ¿De verdad? No me lo puedo creer… Subimos al tercer piso, otra salita de espera, esta vez vacía, y en seguida una chica me vino a buscar para pasar a consulta. Le volví a contar lo que me pasaba y me hizo una ecografía. En cuanto miró la pantalla, asintió con la cabeza y pronunció un escueto “sí”. Luego giró el monitor para que pudiéramos verlo nosotros.

“Tienes una gestación anembrionaria y ha comenzado el proceso del aborto. Mira, ¿ves? Está el saco gestacional bien formadito, la placenta… pero no hay embrión. Ya puedes vestirte”. Empecé a llorar otra vez mientras me ponía las bragas y escuchaba que podía optar por un legrado, no sé qué pastilla o el manejo expectante, es decir, dejar que la naturaleza siguiera su curso y volver a revisión en tres o cuatro días.  Opté por lo último, claro. No veía la hora de largarme de allí. Recuerdo que en el camino de vuelta llamé a mi madre, hablé con mi costillo y, en algún momento, recogí a mi hija, pero lo único real para mi en ese rato fue un sordo y rojo dolor de corazón.

Para la que no lo sepa, un embarazo anembrionario es algo muy habitual. El óvulo se fecunda y se implanta normalmente en el útero, pero por algún motivo su desarrollo se detiene en una etapa muy temprana, a las cuatro o cinco semanas de gestación, cuando el embrión aún es demasiado pequeño para poder ser captado por un ecógrafo. Cuando a penas tiene el tamaño de un grano de arroz. Tu cuerpo tarda todavía algún tiempo en darse por enterado y sigue a lo suyo, produciendo hormonas a diestro y siniestro y acondicionando el útero para un inquilino que ya no está, hasta que de repente, una célula más espabilada que las demás se da cuenta de que Elvis ha abandonado el edificio y grita: ¡Paren las rotativas! Y allí que va. Un mini parto, con mini contracciones para desalojar los restos de la fiesta. Y a otra cosa, mariposa.

El compañero, mi madre, algunas amigas… intentaron animarme diciendo que allí no había nada, que no había bebé al que llorar, que aquello había sido poco menos que un embarazo psicológico. Pero era mi granito de arroz.

…continuará

Bueno, hemos de reconocer que este primer capítulo de esta historia en muy triste, un aborto sea de la manera que sea y en la semana de gestación que sea, es algo terrible. A veces estamos demasiado acostumbrados a que pasen estas cosas y no le damos la importancia que tienen para quienes sufrimos la pérdida…no creéis!?. Es como cuenta ella, que muchas personas de su entorno intentaban quitarle importancia al asunto, seguramente con la intención de ayudarle, argumentando que por ser un embarazo anembrionado, o en mi caso por ser tan pronto, no existía tal perdida y la gente no entiende que el dolor es el mismo y que se nos ayudaría mucho más compartiendo y entendiendo nuestro dolor y acompañándonos en el duelo.

¿No creéis que estas cosas no deberían ocurrir? Me refiero ¿no pensáis que a veces no se le da la importancia merecida a la perdida de un bebé solo porque ocurra frecuentemente, porque estemos de pocas semanas o porque sea anembrionado como es este caso? ¿habéis pasado por este mal trago y además habéis tenído que soportar este tipo de “ánimos”?

Pues esta es una historia más que ha vivido una mujer en su proceso de ser madre. Seguro que tu has vivido una similar, o totalmente diferente, o te sientes sola y tienes la necesidad de compartir tus sentimientos. Si lo deseas puedes escribirme a mamarreir@gmail.com y contarme tu historia para Queriendo ser madre…te espero!!! (más info aquí)

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15 comentarios en “Queriendo ser madre. La Historia de Mamá en el sXXI(I)

  1. Q triste. Tienes toda la razón, no se le debe restar importancia a algo tan importante. Yo no lo he sufrido, pero mi madre tuvo un aborto entre mi tercer y cuarto hermano y recuerdo q lloré amargamente pensando en mi hermano no nato y no en algo q bueno… no pasaba nada era muy pronto y mi madre ya tenía 3 hijos…. en fin. Feliz día! Muack!

  2. Estamos demasiado acostumbrados a ocultar el dolor y tratar de animar. No creo que lo hagamos por mal, pero ¿cuántas veces hemos dicho a un niño: “no llores que no es nada”? Pues es lo mismo. Cuando alguien llora o se siente triste es porque tiene un dolor dentro, tratar de animar a toda costa no es la manera más correcta de llevarlo.
    Respecto a los abortos, sean más o menos prematuros, siempre es duro, sobre todo para la madre, que será porque somos las que lo llevamos dentro de nosotras, nose, pero inevitablemente nos afecta más. Lamento muchísimo que Mamá en el siglo XXI no tuviera el trato amable, cariñoso y caluroso que debería tener en el hospital, algunos profesionales aun tienen que actualizarse en empatía con el doliente. Un abrazo fuerte.

  3. Va a hacer dos años de aquella pérdida. Sólo estaba de nueve semanas y el bebé había decidido irse mucho antes de eso, quizá poco después de implantarse en mi útero. Y aún así me ha costado (me cuesta) decirle adiós. No he hablado mucho del tema en el mundo real (ni con mi pareja, ni con mi madre o mi hermana, ni si quiera con mis amigas) porque es demasiado doloroso que me sigan repitiendo que no había bebé, que mejor así, que casi ni estaba embarazada… En fin. Gracias a todas por vuestros comentarios y sobre todo a UMMF por publicar la historia de mi segundo embarazo. Me pilla en un mal momento, pero me hace mucha ilusión. Es la primera vez que la cuento toda entera y ha sido casi una liberación!!! Besos a todas!

  4. No sabes cuánto te entiendo. Para la gente de alrededor puede que, efectivamente, no significara nada y no lo entienden. Cuando te pasa a ti… ay, amiga! Cuando te pasa es distinto porque es tu bebé, tu ilusión, tu pequeño proyecto. Y algo ajeno a nosotras nos impide culminarlo.

    Un abrazo

    • Eso es, qué bien se ven los toros desde la barrera, verdad!!?? Eso es muy importante, la impotencia de no poder hacer nada, es lo peor!!!

  5. La gente lo hace con toda su buena intención, pero es tú bebé, sea 2,3,4,11, las semanas que sean, y no se deberían de intentar obviar los sentimientos de esos padres, ese bebé ha existido no solo desde el momento de la concepción, si no desde el momento que se deseó.
    Esperando la segunda entrega. Besos

    • Yo no dudo de la buena intención de la gente pero no lo hacen de la forma correcta. Pues sí, esos bebés forman parte de tu vida desde el momento en que deseas tenerlo.

  6. Yo por suerte no he tenido abortos pero en este embarazo sangré y pensaba que lo habia perdido. De camino al hospital la gente me decía que no me preocupara que si algo no iba bien era lo mejor. Aquella frase que yo había dicho a tanta gente cercana y que no te consuela nada. Es tu bebe, aunque no este como en este caso, tu ya te sientes madre desde que te da positivo . Muchos ánimos a todas.

    • Esa es otra, todo el mundo te dice “mejor ahora” y una leche, ni ahora ni nunca!!! estas cosas no deberían ocurrir. Cierto ya es algo tuyo.
      Gracias por tu comentario.

  7. pUFF, pues es verdad que se le da poquisima importancia a los abortos tan pronto, porque sea la semana 6 o la semana 11 como me paso a mi, nosotras ya hemos soñado con ese bebe, le hemos abrazado en sueños y le deseamos tanto, que es una autentica crueldad que pasen estas cosas.
    Yo se que la gente intenta ayudar, pero no se puede decir que no tenías bebe. Era tu bebe, era parte de tu vida y lo será para siempre o acaso alguien es capaz de olvidar algo así. Yo todavía tengo ganas de gritar de la rabia cuando me acuerdo de todo aquello, me sigo preguntando por que narices tuvo que pasar, supongo que si luego hay un nuevo embarazo el dolor se suaviza un poco.
    Un abrazo fuerte.

    • Yo recuerdo cuando me pasó a mí, que no hacía más que oir “esto le pasa a mucha gente, la mayoría de las veces el primer embarazo acaba así”…

      Uffff yo jamás lo olvidaré, ninguna de las dos veces…lo pasé tan mal!!! pues eso fueron perdidas….

  8. Yo pienso que desde el momento que tienes las sensaciones, te haces la prueba, ves el sí en la pantalla o las rayitas, ahí hay bebé, sea minúsculo o microscópico, pero es tu bebé. Te sientes madre y un aborto es un aborto, sea en la semana 2, 5, 15, 25, …

    Aixx, se pasa mal. Yo no lo sé, porque no he pasado por ello, pero mi madre sí y fui lo suficientemente consciente para enterarme de todo y llorar a un hermano que nunca nació, porque sentía la pérdida de mi madre por ese bebé que no tuvo.

    Saludos y esperando a la próxima entrega

    • Tienes toda la razón, en el momento en que esa vida acapara tu corazón, te sientes madre y se pasa muy mal. Siento lo de tu hermano…

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